El Pacto Mundial para la Migración y nuestros políticos

PARADE DOMINICAN

Foto: Lehman College

Me pregunto cuántos de los objetores de la posible firma por el país del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular propuesto por Naciones Unidas ha leído el documento. No pienso en quienes acostumbran hablar por boca de ganso, esos que no leen absolutamente nada pero repiten cualquier cosa que los reafirme en su tubular visión del mundo. Pienso de manera particular en los políticos que en estos días han hablado sobre el pacto, no apremiados por la inmediatez de su firma en Marruecos sino porque encuentran en él, o creen hacerlo, la oportunidad de pescar en las cenagosas aguas del antihaitianismo.

El pormenorizado documento de 39 páginas está en discusión desde hace dos años, cuando el 19 de septiembre de 2016, en la Asamblea General de las Naciones Unidas los jefes y jefas de Estado y Gobierno se reunieron para hablar sobre migraciones. Un año más tarde, los Estados miembros emitieron la llamada “Declaración de Nueva York”, que dio inicio a un proceso de consulta y negociación intergubernamental para arribar, en este diciembre de 2018, a la adopción definitiva del pacto.

Pese a ello, los hay que se han atrevido a afirmar que el manejo gubernamental en la materia ha sido opaco y poco transparente. En concreto, José Paliza afirmó que la decisión de adherir el documento no puede ser privativa de un gobierno “para el cual el tema migratorio y la frontera no son prioridades”. Otros, como Quique Antún, en su consabido lenguaje patriotero, hablan de traición al país, soberanía, etc. Al final, todos coinciden en su rechazo a un instrumento que busca el compromiso de los países y Estados con un régimen migratorio que respete los derechos fundamentales de los migrantes. Es decir, que procura justicia, equidad y aprecio por la dignidad humana.

Parte de la culpa de que estos discursos conservadores resuenen la tienen los medios de comunicación, que no confrontan las objeciones con el texto. O porque, cuando reseñan la fuente original, dejan al desnudo la incapacidad de comprensión lectora de sus periodistas encargados de redactar notas sobre el tema.

Una primera cuestión deberían saber todos cuantos se aventuren a la opinión: el pacto no es vinculante. En el párrafo 7 del preámbulo se dice taxativamente:

Este Pacto Mundial presenta un marco de cooperación no vinculante jurídicamente que se basa en los compromisos acordados por los Estados Miembros en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes. Su propósito es fomentar la cooperación internacional sobre la migración entre todas las instancias pertinentes, reconociendo que ningún Estado puede abordar la migración en solitario, y respetar la soberanía de los Estados y sus obligaciones en virtud del derecho internacional”.

En el tema Unidad de propósito, punto 15, literal c) está escrito:

“Soberanía nacional. El Pacto Mundial reafirma que los Estados tienen el derecho soberano a determinar su propia política migratoria y la prerrogativa de regular la migración dentro de su jurisdicción, de conformidad con el derecho internacional. Dentro de su jurisdicción soberana, los Estados podrán distinguir entre el estatus migratorio regular e irregular, incluso al decidir con qué medidas legislativas y normativas aplicarán el Pacto Mundial, teniendo en cuenta sus diferentes realidades, políticas y prioridades, y los requisitos para entrar, residir y trabajar en el país, de conformidad con el derecho internacional”.

En el Objetivo 4: Velar por que todos los migrantes tengan pruebas de su identidad jurídica y documentación adecuada, punto 20, se dice:

“Nos comprometemos a cumplir el derecho de todas las personas a la identidad jurídica proporcionando a todos nuestros nacionales pruebas de su nacionalidad y la documentación pertinente, para que las autoridades nacionales y locales puedan determinar la identidad jurídica de los migrantes a su llegada, durante su estancia y para su regreso, así como garantizar la eficacia de los procedimientos migratorios, la prestación eficiente de servicios y una mejor seguridad pública. Nos comprometemos además a velar, con las medidas apropiadas, porque se expidan a los migrantes documentación adecuada y documentos del registro civil, como partidas de nacimiento y actas de matrimonio y defunción, en todas las etapas de la migración, como medio de empoderar a los migrantes para que ejerzan efectivamente sus derechos humanos”.

De lo que aquí se habla es de que cada país provea a sus ciudadanos migrantes los documentos que les permitan demostrar su identidad jurídica a su llegada al país receptor, pero en la República Dominicana se ha interpretado (nota periodística incluida) que el “Pacto de Migración exige dar papeles a todos extranjeros”.

Además, el Objetivo 9 Reforzar la respuesta transnacional al tráfico ilícito de migrantes, literal d) compromete a:

“ Adoptar las medidas legislativas y de otra índole que sean necesarias para tipificar como delito el tráfico ilícito de migrantes cuando sea intencionado y tenga por fin reportar, directa o indirectamente, beneficios económicos u otros beneficios materiales al traficante, y castigar con penas más graves el tráfico ilícito de migrantes en circunstancias agravantes, de conformidad con el derecho internacional”.

En el Objetivo 11: Gestionar las fronteras de manera integrada, segura y coordinada, literal b) queda clara la obligación de:

“Establecer estructuras y mecanismos apropiados para , incluso mediante la verificación de los antecedentes de las personas antes de su llegada, la notificación previa por los transportistas de pasajeros y el uso de la tecnología de la información y las comunicaciones, pero defendiendo el principio de no discriminación, respetando el derecho a la privacidad y protegiendo los datos personales”.

¿Si hubieran leído el pacto con intención constructiva antes de hablar, los políticos que se han pronunciado contrarios lo objetarían? Lamentablemente, pienso que sí, que lo harían de todos modos porque, como escribiera más arriba, a esas posiciones, cuando no explícito, subyace un vergonzante antihaitianismo y el deseo de sacar provecho político agitando el fantasma de la supuesta pérdida de soberanía.

No son tiempos buenos, hay que reconocerlo. La democracia y su sentido de justicia pierden terreno aceleradamente. Pero me desuela que en un país emisor de migrantes sus ¿líderes? políticos ¿democráticos? no se avergüencen de coincidir con las posiciones antiinmigrantes, xenófobas y ultraderechistas de Donald Trump, el primer ministro húngaro Viktor Orbán y el ministro de Interior italiano Matteo Salvini, por solo mencionar tres de la jauría derechista que acorrala al mundo.

PD. Si le interesa leer el texto y el vínculo no le funciona, utilice esta URL

https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N18/244/50/PDF/N1824450.pdf?OpenElement

Aquí encontrará la Declaración de Nueva York

https://es.scribd.com/document/394717373/Resolucion-de-Nueva-York

Obispos y (más) falacias

obisposDe los diez mandamientos de la ley mosaica, asumidos por los creyentes cristianos como norma moral, el octavo condena el falso testimonio y la mentira. Dice textualmente: “No dirás falso testimonio ni mentirás”. Para los creyentes, violar los mandamientos es pecado, y el pecado aparta de la gracia divina. A los obispos católicos dominicanos esto parece tenerlos sin cuidado. En el documento publicado este lunes por la Conferencia del Episcopado sobre la despenalización de tres causales del aborto, los obispos mienten e intimidan sin ruborizarse. Retuercen argumentos, inventan falacias, juzgan con aliento inquisitorial. Tratan de subordinar al Estado y a toda la población a sus dictados y visiones del mundo.

Una de las tres causales de las que se pide la despenalización es “cuando la vida del feto es inviable”. Los obispos, con el mayor descaro, escriben lo siguiente: “Es injusto que, por una mal formación de la criatura en el vientre, se legislara para matarlo. Los discapacitados o personas con condiciones especiales tienen los mismos derechos de vivir que los demás”. ¿De dónde sacan esto? ¿A quién han oído defender la eugenesia? A ellos, realmente, no les importa. Si pecan mintiendo, no será la primera vez, ni la última, desde luego. Pecados los han cometido mayores, mucho mayores.

De falsedades como esta está plagado el documento obispal. Refutar cada una de ellas sería ir al terreno que los obispos han elegido para la confrontación. El lenguaje que utilizan lo denota: el adversario no es una persona con razones dignas de ser discutidas, incluso si les resultan inaceptables, sino un cultor y promotor de “la muerte”, un “asesino”, “esclavo de ideologías foráneas”. El legislador que respalde la despenalización de las tres causales estaría legislando “para matar”, y lo exhortan a “no mancharse con sangre”. El médico que lo practique iría “directamente a matar a la criatura”. El aborto, por tanto, es la eliminación “de una vida indefensa”, “una desastrosa amenaza contra la vida: no solo la de cada individuo, sino también la de toda civilización”. Es decir, los adversarios en este tema de una Iglesia con tan discutibles pasado y presente, son el detritus de la sociedad.

Los obispos afirman, pero no acreditan. Como cuando dicen que la ciencia, la cual “respetan” y en la que se “apoyan”, cada vez con mayor precisión “demuestra que la vida humana está presente desde la concepción”. ¿Cuál ciencia? ¿Quiénes y dónde lo dicen? Sin que se les mueva un pelo añaden a seguidas que los abortos se han multiplicado en los países donde es legal: “Luego de aprobadas las causales el grupo de la cultura de la muerte exige que se apruebe el aborto libre, la mortalidad materna no disminuye, los embarazos de adolescentes tampoco (a menos que sea asesinando los niños en el vientre de su madre); los abortos se multiplican, las transnacionales se lucran de esas naciones dejando a los países peor que antes…”. Ni una cifra, ni un dato confiable. El lenguaje al servicio del terrorismo ideológico, siempre mentiroso.

En su libro La función social del lenguaje fascista (1979), Lutz Winckler desmonta la sintaxis antagónica de este tipo de discurso. Citando a Marcuse, escribe: “Para este lenguaje es válido lo que Marcuse escribía sobre el ‘lenguaje cerrado’, a saber, que ‘no prueba ni fundamenta; comunica decisiones, apotegmas y órdenes. Cuando define, la definición se convierte en separación entre ‘el bien’ y ‘el mal’; otorga forma de indubitable justicia e injusticia, y se vale de un valor para justificar otro. Tal lenguaje se mueve en tautologías, pero esas tautologías son, en correspondencia, efectivos ‘juicios’. Pronuncia su veredicto decidido de antemano; y su veredicto es el anatema’”.

Esto último es lo que hacen los obispos dominicanos en su comunicado, tan lleno de silencios y oscuridades. Tan intencionalmente equívoco. Tan empecinada y angustiosamente anhelante de recomponer el mundo sobre el cual la Iglesia católica reinó y ya no reina.

 

¿Quién llora por ti, muchachita?

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La noticia de tu desaparición y muerte no parece haber conmovido a nadie fuera de tu familia. Solo tenías once años, edad en la que todavía las niñas –dice la cultura patriarcal– deben estar jugando con muñecas, entrenándose en la femineidad que es su destino. Tú no. Tú vivías en el barrio Mamá Tingó, en Higüey, donde la pobreza es todo y cualquier cosa, menos lúdica.

Hay 64 notas en internet que mencionan tu caso, pero no son tantas, en realidad. El número se reduce a unas pocas si juzgamos la originalidad de la pieza. La mayoría son, no ruboriza, copias textuales tomadas de medios nacionales que, a su vez, son eco de la Policía. Nada nuevo.

Entre todas, encontré solo una que daba cuenta de tu desaparición el 30 de noviembre. Una sola. Nada más hasta el hallazgo de tu cuerpo de once años violado y apuñalado. A partir de entonces, las notas se multiplican: en espacios reducidos en los “grandes” medios; desplegadas en el amarillismo aldeano. Algunas de estas últimas advierten en el titular de las imágenes “muy fuertes” que publican de tu cuerpecito muerto.

Anodina por obra y gracia de este rasero perverso que utilizamos para el horror.

Las hubo incluso que utilizaron tu desgracia para fomentar el antihaitianismo. En muchos de los “medios” digitales que proliferan en el país, se vendió que un haitiano había sido el responsable de tu infortunio. “Esa provincia (Higüey) está invadida de extranjeros ilegales y ya todo (sic) sabemos lo que está pasando en el país con los mismos… Compártelo….”, terminaba uno de ellos.

¿Cómo se llama tu padre? Quizá en alguna nota que se me escapa se menciona su nombre, mas yo no lo encontré en las leídas. El de tu madre sí, Alexandra Rivera, pero en muy pocas. Fue por petición suya que saliste al colmado a comprar plátanos para la cena y nunca regresaste, pero a los medios les importa un bledo lo que ella tenga para decir.  A eso se reduce la presencia informativa de tu familia. Anodina por obra y gracia de este rasero perverso que utilizamos para el horror.

¡Tenías once años, muchachita! Estuviste cuatro días desaparecida y nadie encendió velas por ti, ni exigió que aparecieras, ni se rasgó las vestiduras, ni montó perfomances frente a tu vivienda. No has sido tendencia en Twitter, ni tu imagen se ha visto multiplicada al infinito en los muros farisaicos de Facebook. Ni las autoridades han salido escandalizadas a prometer justicia. Ni las organizaciones feministas a reclamarla. Tampoco nadie señala a tu feminicida con el dedo inapelable de su presumida angustiada humanidad. Ni siquiera ha habido morbo, aunque sea indeseable. Ya lo ves: la reacción por Emely no fue un parteaguas, sino evidencia acumulada de indecorosa instrumentación política.

Al final, como si no fuera suficientemente vergonzoso el silencio colectivo, tu muerte no luce categorizar como feminicidio. Apareciste violada y acuchillada. Simplemente muerta. Y tan por debajo de la puerta has pasado a engrosar la lista, que ni siquiera podemos saber a ciencia cierta cuál era tu nombre: ¿Rosa Iris Maite? ¿Rosairy Maite? ¿Rosaili Maite Gil Rivera?¿Rosaidy Maite Gil Rivera?

La patria, ese significante vacío

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En estos días de reverdecido patrioterismo, de altisonante defensa de los “símbolos de nuestra nacionalidad”, a mi me ha dado con preguntarme qué es la patria. Si acaso es una y para todos. Si vale lo mismo para los diez millones tan diversos que somos en estos cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados tan injustos.

Me respondo que no, que no puede serlo aunque pongamos nuestro mayor empeño. Y me digo que la idea de patria que maneja el patrioterismo dominicano al uso es un significante sin significado, un significante vacío. Y que no es inocente, sin embargo, porque le sirve al propósito de los hegemónicos de mantener el dominio del discurso público atizando odios que enmascaran generalizadas carencias materiales e inmateriales.

¿Qué es la patria para el 32.3% de dominicanos y dominicanas que viven en la pobreza general? ¿Para el 7.0% que vive en la pobreza extrema? ¿Comparten patria los dominicanos y dominicanas más pobres (quintil 1) que reciben el 3.2% del ingreso total del país, con los más ricos (quintil 5) que gozan del 56.2% de esos mismos ingresos? ¿Arde el mismo fuego patriótico en el corazón de los 265 dominicanos con fortunas de 30 millones de dólares o más, equivalentes a 12.9 veces el gasto público en educación, que para el 57.7% de los habitantes de la región El Valle (Azua, Elías Piña y San Juan) que viven en la pobreza monetaria?

¿Y qué pasa con la patria del 63% de asalariados, públicos y privados, con salario promedio mensual de 11,292.00 pesos cuando el costo de la canasta básica de los más pobres es de 11,969.00 pesos? ¿Pasa lo mismo que con la patria, reiterando el ejemplo, de los 265 dominicanos con más de 30 millones de dólares (1,440 millones de pesos en adelante)? Que alguien me responda.

¿Cuál es la patria de los 25 niños por cada mil nacidos vivos que mueren por causas evitables apenas salidos del útero de sus madres? ¿Cuál la de del 26.8% de los niños más pobres que están fuera de la escuela secundaria, en comparación con el 4.3% de los niños más ricos? ¿Cuál es la patria de las 109,7 madres por cada 100.000 recién nacidos que mueren a consecuencia del parto? ¿Qué patria es esta la de los patrioteros que no puede evitar que la sepsis sea la causa del 14% de las muertes maternas y del 29% de las muertes neonatales?

¿Y la patria de los emigrantes, cuál es? Según datos estadísticos, 1,299,668 dominicanos y dominicanas han abandonado el país. El 58.5%  del total, son mujeres. Los expulsaron la miseria, la falta de oportunidades, la desesperanza. La patria, tan ideal, tan sublime, los arrojó de su seno donde, sin embargo, sigue cobijando a los ricos y muy ricos, que acrecientan sus fortunas exprimiendo hasta la indecencia la fuerza laboral.

El 65.2% de los hombres y mujeres de nuestra diáspora, solo en los Estados Unidos, donde reside más de un millón (legalmente registrado) tiene entre 25 y 39 años de edad. Hombres y mujeres productivos que no encontraron cabida en la fementida patria de los patrioteros. Donde quiera que están, desempeñan los trabajos más duros, los menos calificados y más mal pagados. Viven en guetos sociales, culturales y étnicos. Y sin embargo, en el 2015 enviaron al país 5,149 millones de dólares (Tejada, E., 2015). Para ellos y ellas, la patria es la nostalgia y la remesa. Para los ricos y muy ricos, los privilegios y riquezas que han logrado a base de tratos espurios con la política.

No, no creo en esa patria de los patrioteros que hacen mutis frente a la realidad de aquellos a los que esa fantasmagoría no les ha dado nada y se lo ha quitado todo. No es la mía ni la quiero. La mía, que todavía no es, la soñó el poeta nacional Pedro Mir, hijo de cubano y puertorriqueña, en la cuarta parte del poema Si alguien quiere saber cuál es mi patria.

 IV

Si alguien quiere saber cuál es mi patria, 
lo diré en una tarde americana. 
Cuando el mundo se quite la cabeza 
y le arranque la espina innominada. 
Cuando el hilo de todas las fronteras 
teja como una alfombra todas las patrias. 
Y una risa inmensa 
recorra las montañas 
y haga huir como murciélagos despavoridos 
a los acorazados con sus arrogancias, 
con su larga cadena de oprobio 
que une nuestras gargantas 
y nos saca en sangre pulpa 
las tierras perfumadas…

Y empiece entonces a inundar las calles 
tanta gente escondida dentro de su casaca, 
y las imprentas salgan a ver 
con el vientre lleno de libros y de portadas 
todos nuestros suburbios desde sus páginas 
y las madres alcen sus hijos hacia la luz 
de la aurora, sin guerra y sin amenazas…

Día justo y solemne de contestar 
de cuánto goce se compone una patria. 
Cuáles son los veinte ruidos 
de la nueva batalla.

A quién le corresponde el apetito, 
a quién el gesto copioso y la guirnalda, 
qué colorido el del más ancho traje, 
qué ritmo el de la más noble carcajada. 
Cuáles bueyes y cuáles sementales 
en la exposición donde las frutas y las canastas…

Pero ahora 
nadie pregunte por la patria 
de nadie.

Y el día en que estalle 
la libertad suprema y soberana, 
procure estar bien cerca y bullicioso 
porque habrá una gran patria, 
una grande, inmensa, inmóvil patria para todos 
y no habrá ni un país para estas lágrimas…

Ellas se llamaban… (II)

Quien ama no mata. En una relación de pareja, la muerte es incompatible con el amor. Hay que repetirlo hasta terminar con la mentira de que el feminicidio es producto de un amor locfeminicidiosIIo, de un amor que no puede resignarse a perder a la mujer amada.

Así comienza el texto que introduce la siempre desgarradora contabilidad de los feminicidios en el país.  Es un texto a favor de la vida y de la humanidad de la que mujeres y hombres somos (deberíamos ser) portadores.

Para leer el texto completo vaya a este enlace a Diario Libre

Ellas se llamaban…

mujeres asesinadasEscribí este texto para Diario Libre. En él se recogen los feminicidios ocurridos en el país entre el primero de enero y el 30 de junio. En publicaciones sucesivas se irán agregando los que han sucedido en meses posteriores.

Es un recuento doloroso, muy doloroso. Ojalá que el texto logre lo que anima mi propósito: despertar la indignación social y que aunemos fuerzas y voluntades para poner freno a esta siega de vidas.

Puede leer el artículo completo y cada uno de los casos en este enlace https://www.diariolibre.com/noticias/ellas-se-llamaban-YA8277809

Haciéndonos los tontos con Odebrecht

Desde el sentido común, y en lo que el hacha va y viene, parece relativamente fácil iniciar una investigación sobre los sobornos pagados por la empresa brasileña Odebrecht desde su desembarco  en el país en 2001 hasta el 2014.

Piensa el lego que, además de solicitar información a las autoridades judiciales norteamericanas sobre lo dicho por Odebrecht en la negociación publicada esta semana, las autoridades locales podrían ir ocupándose de listar las obras construidas por la empresa en los 14 años que cubren los sobornos e identificar quiénes estuvieron a cargo. Sin excepción: desde el Acueducto de la Línea Noroeste hasta las controvertidas plantas de Punta Catalina.odebrechtfoto

Dice Marcos Barinas, arquitecto y planificador urbano, que con los 92 millones de dólares pagados/cobrados en sobornos, se construirían 3,500 viviendas sociales. Esto sin contar con la –¿por qué no?— presumible recuperación de lo “invertido” por Odebrecht a través de la alteración del costo de las obras adjudicadas con tan malas artes.  ¿Es decente la indiferencia?¿Es decente cerrar los ojos?

Va de suyo, también en el supuesto de sentido común que reza  “quien no tiene hechas no tiene sospechas”, que ningún funcionario, incluidos los expresidentes Hipólito Mejía y Leonel Fernández y el presidente Danilo Medina, pueden sentirse desconsiderados si se les llama a declarar. Lo mismo vale para los socios criollos del emporio brasileño, que los hay y son conocidos.

Aunque quizá sea un poco tarde, también podría la Procuraduría seguir el ejemplo de Perú y Ecuador, y allanar las oficinas en el país de la constructora brasileña para incautarse de cuanto documento pueda arrojar el menor indicio de responsabilidad en la trama corrupta. Claro, para hacerlo se necesita no estar comprometido con el apañamiento del ilícito, tener más conciencia cívica que compromiso político, y este no parece ser el caso del actual jefe del Ministerio Público.

Y podrían, procurador y otros funcionarios, dejar de hacerse los tontos de capirote (o de creer que los dominicanos y las dominicanas lo somos) cuando declaran que están a la espera de informes y documentos extranjeros para comenzar a aclarar la turbidez de nuestras propísimas aguas. La verdad monda y lironda es que si quieren, pueden. Lo dudoso es que quieran. En el país, el rechazo a la corrupción es débil y episódico y, por lo general, más propenso a la alharaca que al involucramiento ciudadano que dé frutos. En esta certeza se han guarecido los corruptos. Ojalá que no para siempre. Ojalá que hasta un día.

La Habana no es una vieja dama digna

cuba-230LA HABANA. A diferencia de años anteriores, cuando el paisaje cubano era acorralado por inmensas vallas que gritaban mensajes revolucionarios, ahora casi se las echa en falta. Solo en las paredes no escasean las consignas. Tampoco escasean los rostros de Fidel y el Ché, epítome el primero de un proceso que lleva ya casi cincuenta y ocho años, símbolo cuasi religioso el segundo. No muchas veces, todavía, aparece el de Raúl.

En las áreas restauradas de la Vieja Habana, mesa servida para un turismo creciente, la iconografía revolucionaria es hoy un producto vendible en moneda dura. Ya no amenaza. La banalización comercial la ha despojado de su significado primigenio. Los turistas compran cachuchas verde olivo, camisetas con el Ché inmortalizado por la cámara de Korda, viejos afiches y viejos libros expuestos por los libreros de la Plaza de Armas, con el mismo indiferente desparpajo con el que beben un mojito en La Bodeguita del Medio o un daiquirí en el Floridita. Con el mismo indiferente desparpajo con que bailan, contorsionándose como marionetas, en el portuario bar-restaurante Dos Hermanos.

No es la única incongruencia, si así puede llamarse. En el Hotel Nacional, declarado Memoria del Mundo por la Unesco y Monumento Nacional por el gobierno cubano, un enorme retrato de un joven Fidel Castro, mochila al hombro, preside el vestíbulo donde decenas de turistas arrastran sus maletas, abrasados solo por el deseo de ir a tumbarse al sol, bebida en mano. En este ambiente de jolgorio lúdico, la foto del líder recientemente fallecido parece una rareza. Sobre el dintel de uno de los varios salones de fiesta, Compay Segundo sonríe. El domingo, en la pared del pasillo que conduce a ese mismo salón, el Ché también sonreía; el jueves había desaparecido para dar paso a un estand donde se venden objetos diversos a la pléyade de artistas que se dan cita en La Habana con ocasión del Festival Internacional de Cine.

Construido en 1930, el Hotel Nacional ha sido escenario de importantes acontecimientos. Dos de ellos, aunque de diferente signo, destacan en su historia: la reunión en diciembre de 1946 de todos los jefes de la mafia en los Estados Unidos, incluido el capo de capos Lucky Luciano; y el atrincheramiento de soldados que cavaron túneles en sus jardines cuando la llamada Crisis de los Misiles en octubre de 1962. Una exposición, organizada en uno de ellos, y anunciada en un cartel, rememora este último acontecimiento. Como muchos otros sitios de interés, sus puertas permanecen cerradas mientras el encargado se pasea por los extensos jardines que miran al mar, indiferente al reclamo del potencial, y escaso, visitante.

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Esta vez el taxista es graduado en Economía de la Universidad de La Habana. Para explicar el porqué en la ciudad ya no abundan ni vallas ni afiches, desarrolla toda una teoría macroeconómica. Habla del “desperdicio” en causas ajenas de los recursos obtenidos por Cuba gracias a la “cooperación” de la hoy desaparecida Unión Soviética y, posteriormente, de la Venezuela de Chávez. La “solidaridad” sustituyó la necesidad de desarrollar el aparato productivo cubano y hoy se pagan las consecuencias. Tantos han sido y siguen siendo “los recortes” que no hay ni siquiera para la necesaria propaganda.

En el perímetro en el que el Historiador de la Ciudad Eusebio Leal impulsó la recuperación del añejo esplendor, se levantan andamios desde los cuales los trabajadores se afanan en reconstruir el trozo de soportal destruido por el tiempo y la desidia, devuelven la integridad a la columna neoclásica llena de muescas, lavan a presión fachadas ennegrecidas por incontables capas de polvo. Pero ahora la restauración no está en manos de su principal soñador y artífice: en agosto pasado, los trabajos fueron de las manos de Habaguanex, S.A., la empresa creada por Leal, a las del Grupo Administrativo Empresarial, vinculado estrechamente con las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La sensible inteligencia de Leal, quien una vez dijo, evocando a Martí, “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche”, ha sido revocada por la visión pragmática que, según se rumorea, busca más rentabilidad y menos historia.

Su última obra consumada fue un edificio acristalado en el antiguo embarcadero de donde salen las lanchas hacia los municipios de Regla y Casablanca. No es deslumbrante, tampoco grande, pero sí habla del esfuerzo por recuperar zonas de la vieja ciudad en deterioro extremo. Un poco más allá, sobre las aguas hasta hace poco peligrosamente contaminadas se construyó una estructura que permite recrearse en la belleza del lugar, pero un militar impide el paso: pese a su reciente inauguración, estaba cerrada para corregirle daños. Metros más, un viejo almacén maderero ha sido convertido en cervecería que, a la hora de la visita, aún no había abierto sus puertas. En frente, la Alameda de Paula, construida en 1777, ha sido remozada y puede recorrerse tranquilamente si se soporta la extraña pestilencia que trae la brisa, como lo hace un grupo de niños y niñas que juegan volibol bajo un sol inclemente.

Muchos otros antiguos edificios, representativos de la rica y diversa arquitectura cubana de los tiempos anteriores al triunfo de la revolución en 1959, están cercados por altas vallas que resguardan a los ojos de los curiosos los trabajos que se realizan en su interior. El gobierno está apostando seriamente al turismo mezclando en un mismo cóctel de mercadeo la belleza de la ciudad, la nostalgia de un pasado esplendente y la atracción del mito. Pero algunas de las personas con las que se comenta el fenómeno temen que, al igual a como sucede en otras ciudades, este afán económico y empresarial produzca (en buena medida ya lo hace) un proceso de gentrificacion que termine complicando más aún la vida de importantes sectores poblacionales.

En las calles de Centro Habana, fuera del circuito turístico, el panorama es bien otro. El deterioro abruma. Calles polvorientas y rotas, aceras por donde es difícil caminar. Viviendas que se caen a pedazos producto del descuido y del frecuente hacinamiento. Fachadas históricas que han ido perdiendo su valor bajo las adiciones incontroladas de familias que buscan espacio donde vivir a como dé lugar. No es infrecuente ver edificios de más de un piso, verdaderas joyas arquitectónicas, que han perdido los techos y parte importante de su estructura en los que, sin embargo, viven personas.

En los lugares más céntricos y concurridos del turismo, los viejos descapotables se alinean a la espera de clientes. Los encuentran a montones. Están pintados con vívidos colores que brillan al sol y corren raudos por las despejadas avenidas habaneras. Los turistas agarran con sus manos los sombreros que los protegen para que no los lleve el viento, o los levantan como si fueran el indisputable trofeo de un indisputable goce. Ellos, venidos de la hipermodernidad del primer mundo, ríen como locos por esta cópula efímera y turbulenta con el tiempo detenido.

(Publicado originalmente en el periódico Diario Libre, el domingo 11 de diciembre de 2016)

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La envidia del pene de Susan Sarandon

Actress Susan Sarandon arrives at the Time 100 gala celebrating the magazine's naming of the 100 most influential people in the world for the past year in New YorkDespués de la insuperable Meryl Streep, mi actriz estadounidense favorita es Susan Sarandon. Si no recuerdo mal, fue su película “Thelma y Louise” la primera que visioné de ella, aunque para entonces su filmografía era ya extensa. Esa empatía entre mujeres, que encuentra su culmen en el suicidio como último gesto de libertad, me estremeció de pies a cabeza. Además, Susan Sarandon ha mantenido posturas críticas con el “stablishment” de su país y apoyado causas pertinentes. Al igual que a Meryl, también comprometida con una mejor sociedad, la admiro como actriz y como ciudadana.

Pero hasta el Sol tiene manchas. En el 2000, Susan Sarandon se decantó electoralmente por Ralph Nader y se declaró en contra de Al Gore, que disputaba la presidencia al candidato republicano George Bush. Su tardío arrepentimiento sirvió de nada. Entonces, como ahora hace con Hillary Clinton y Donald Trump, afirmó que votar por Gore era lo mismo o peor que hacerlo por Bush. Y ya sabemos cómo fue el gobierno de Bush y cuál su legado. Durante las primarias demócratas de 2008, Sarandon brindó su apoyo a John Edwards en contra de Barack Obama y Hillary Clinton. Cuando aquél fue descartado se arrimó a Obama.

En la lucha interna demócrata por la candidatura presidencial de este 2016, su fogosidad política la dedicó a la causa de Bernie Sanders. Derrotado su candidato, decidió romper lanzas contra Hillary Clinton, reviviendo para ella frente a Trump lo que dijo de Gore frente a Bush: que la demócrata es peor que el republicano. Está demostrado que no teme equivocarse porque, al parecer, se siente ungida por la razón histórica, pese a lo mucho que ha sufrido el mundo desde que Bush, por citar un episodio que la involucra, se hizo malamente con la presidencia norteamericana.

Nadie que aprecie el debate democrático criticará a la actriz sus opciones electorales, si bien son discutibles sus razones. Mas respetar no equivale a extender una patente de corso. Y eso es lo que parece creer Susan Sarandon que posee cuando vitupera a las mujeres que respaldan la candidatura de Hillary Clinton. Porque ¿qué otra cosa hace la actriz cuando afirma que ella no vota con la vagina? Sin buscar la quinta pata al gato es obvio que establece una diferencia en la calidad de su voto contraponiéndola a la calidad (mala) de quienes secundan a la candidata demócrata.

Ella sí que sabe lo que es correcto hacer, y eso le da la potestad de descalificar y descerebrar a quienes no proceden como ella. Pero a la hora de evaluar sus declaraciones no olvidemos que Sarandon es blanca, rica, famosa y parte de una élite social que disfruta de garantías para ejercer de progresista sin que eso le arriesgue un pelo. Sarandon puede darse el lujo de proclamar que no vota “con la vagina” porque no es inmigrante (individuo de indefinida categoría humana), no es negra (con la violencia racista pendiendo sobre su vida, pregunten a Black Lives Matter), no es trabajadora fabril, informal o doméstica ni deja la piel en la economía sumergida, es actriz oscarizada; no es pobre (en el 2014 perdió cerca de 20 millones de dólares en una mala inversión inmobiliaria y eso permite hacerse una idea de su fortuna); no es anónima como las decenas de millones de inmigrantes a quienes Trump ha llamado delincuentes y amenazado con mano dura, es una estrella. Y pare de buscar desemejanzas entre Sarandon y los millones de mujeres que desde su marginalidad sí le tienen miedo a Trump.

Por si fuera poco, Sarandon prefiere definirse “humanista” y no feminista porque “(E)l problema de muchas mujeres que se denominan feministas es que no tienen sentido del humor y eso hace que las feministas tengan mala reputación. Por eso, digo que yo no soy feminista, soy humanista. Mi hija siempre dice que las feministas son mujeres estiradas que odian a los hombres. Y es verdad”.  Un razonamiento tan elemental, sesgado y prepotente como el que hace sobre la actual coyuntura electoral de su país. A mi, como feminista, me rebelan sus opiniones.

Acreditemos que Sarandon no vota con su vagina; pero yo me atrevo a apostar que si el misógino Freud reviviera y la acostara en su diván le diagnosticaría certeramente envidia del pene. Porque no hay nada más masculino que tratar de arrebatar cuando se pierde.

Carta a David Collado de una ciudadana humillada e impotente

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Sr. Collado:

Desde hace 35 años vivo en el mismo lugar. Vale decir, la mitad de mi vida, lo que permite a cualquiera suponer cuán entrañables me resultan las cuatro paredes que resguardan mi intimidad. Durante estos 35 años he sido testigo del vertiginoso desarrollo de Bella Vista, de su crecimiento vertical y de lujo, cada vez más contrastante con la modestia y progresiva decrepitud de mi edificio. Pero todos los días veo el mar, casi siempre de una deslumbrante gama de azules; otras, como hoy, de un gris plomizo. Verlo es un regalo cotidiano, un antídoto contra el Prozac. Nunca, ni un solo día, esta imponente visión del mar me ha dejado indiferente o producido iguales sensaciones. Es siempre un descubrimiento, una epifanía.

Mas debo decir también que los 14 últimos años fueron diluyendo poco a poco la tranquila satisfacción de vivir en esta, mi casa. Roberto Salcedo se encargó de ello. Su estilo chabacano y autoritario de manejar la ciudad, su ordinariez privada y pública, su demagogia política, su desprecio por los munícipes y su espíritu comercial, convirtieron progresivamente el parque Mirador, que pone una intensa línea verde entre el mar y yo, en el lugar por excelencia del jolgorio. Todos los fines de semana, alguna actividad de cualquier naturaleza montaba sus potentísimas bocinas haciendo añicos el silencio de la zona. Hubo ocasiones en que los decibelios alcanzaron tal potencia que su expansión hizo vibrar las paredes. Pero pagaban generosamente al “responsable” correspondiente. Agregue a esta historia los varios años antes de Brillante Navidad en los que le dio a Salcedo con montar, durante todo el mes de diciembre, día tras día, unos conciertos de música popular que comenzaban a las siete de la noche y se extendían hasta las once o más. O ese domingo al mes en el que en el parquecito Joaquín Balaguer (¡vergüenza de nombre!), justo al principio del Mirador, y desde las dos de la tarde hasta medianoche, se convertía en la delirante plataforma de la atonicidad de la música electro. Quejarse a la Policía fue siempre inútil. Roberto Salcedo era el síndico, estaba en el poder, su Partido de la Liberación Dominicana le había extendido una patente de corso. Pero llegó el 911 y la promesa de Gustavo Montalvo de que el ruido innecesario de la ciudad disminuiría porque los ciudadanos y ciudadanas podríamos, desde entonces, recurrir a este servicio para preservar nuestra tranquilidad apelando al cumplimiento de la ley. Mentira absoluta. Mentira rotunda. Mentira demagógica.

Se lo digo, David Collado, por personal experiencia: me quejaba al 911 por el ruido en el Mirador que me molestaba porque excedía los cuchucientos decibelios, y para atender mi queja me pedían hasta el acta de nacimiento del ruidoso, el color de su ropa interior, la partera que lo atendió en el, posiblemente, recóndito campo de su nacimiento. Incapaz de satisfacer tanto requerimiento, cerraba el teléfono y lloraba. Era una ciudadana de mierda. No era nadie, absolutamente nadie. Déjeme decirle, David Collado, que mis dolorosas experiencias de ruido y desatenciones de los responsables de controlarlo, me indujeron a poner ventanas reductoras de ruido en una de las habitaciones, esa que hace de oficina donde leo y escribo, donde me gano precariamente la vida. A la par, cerraba todas aquellas puertas, todas aquellas ventanas, todos aquellos huecos, por donde pudiera colarse el ruido perturbador. De tanto cerrar, me convertí en prisionera en mi propio espacio íntimo, que tanto había amado hasta entonces. ¡Presa en mi propia casa! Fue entonces cuando, por primera vez en 35 años, pensé en vender, aun cuando sabía que lo obtenido jamás me permitiría comprar un apartamento desde donde pudiera ver el mar.

Pero acortemos la narración del camino al Gólgota de mis humillaciones ciudadanas. Es ocioso reproducir sus detalles. Lleguemos al 15 de mayo pasado. La acartonada mentira edilicia de Roberto Salcedo se resquebraja, y el ruido se escuchó en las urnas. En lugar de molestar, ese ruido reconfortó. En los labios de muchos y muchas votantes, apareció una sonrisa. Es el último ruido, y que bueno, dijimos. Y llegó usted, David Collado, emprendedor, joven, diciéndose comprometido con la ciudad, aunque su prioridad sea la zona colonial por razones más o menos entendibles.

Cuando usted ganó la alcaldía, David Collado, pensé que las cosas cambiarían. Que usted, por lo menos, repartiría equitativamente las migajas que dejaba en su mesa la prioridad colonial. Algo es algo, me dije. Una llega a veces a tal grado de desesperación que se resigna a recibir el último rastrojito del pan. Así de miserable nos hace una sociedad sin derechos.

Durante el tiempo que transcurre entre el 15 de mayo y el 16 de agosto yo, su votante, me ilusioné con la idea de que había recuperado la tranquilidad. Silencio absoluto en el Mirador durante varias semanas. Escuchaba por primera vez en mucho tiempo sabatino o dominguero, el trinar de las aves, o disfrutaba el paso de la incontable bandada de pericos haciendo piruetas frente a mi ventana. Me sentía feliz de aquel silencio que me reconciliaba conmigo misma. Ese silencio al que tengo derecho como ser humano y como ciudadana.

Pero todo concluyó hace una semana. El domingo 25 de septiembre por el Mirador pasaron las hordas de Atila y no dejaron espacio libre de basura. La carrera Cartoon Network se encargó de devolvernos a la realidad del país en que vivimos: sin reglas, sin normas, excepto la del “atento a mí”, que impone sin apelaciones la ley del más fuerte… y salvaje. El volumen del ruido que produjo esta carrera es solo comparable con la basura dejada a lo largo de casi dos kilómetros por estos desaprensivos, la mayoría montados en yipetas. Este domingo 2 de octubre fueron Avon y su carrera dispuesta a convencernos de que existe una “belleza con propósito” los que hicieron de las suyas. Impunemente. Salvajemente. Prevalecidos, empresa y organizadores, en esta miserable impunidad que decreta la cercanía con el poder.

Señor David Collado: créame que estoy consciente de que escribirle no vale para nada, o que vale de muy poco. Son las 6:41 de la tarde de este domingo plomizo y pese a mi ventana reductora de ruidos escucho a una desaforada muchacha exhortar a Gerard y a Joseph (sí, eso dijo) a no rendirse. No sé si es esta la carrera de Avon que todavía a estas horas continúa en sus buenas, o si es otra. Todas las ventanas están cerradas. Tengo calor porque carezco de aire central, y ni siquiera aire acondicionado en ninguna de las habitaciones. Y tengo rabia, mucha rabia. Contra usted, contra los que hacen pasar la ley, usted incluido, por sus rincones más oscuros y apestosos. Casi diría que, en este momento, los odio.

¿Le digo la verdad a esta hora de la tarde, la número doce y dieciséis minutos desde que el desorden comenzara en el Mirador? Usted me decepciona, aunque quizá alguien, con justa razón, me reproche que solo me decepciona un espejismo. No hay que esperar cien días para saber por dónde va un funcionario. Y usted va mal, David Collado. Nada dice de sus capacidades que vaya demagógicamente a apretar la mano de los pobres de los barrios, ni montar su oficina a pleno sol, si es incapaz de tomar, avalado por los munícipes, las riendas de la ciudad.

Usted es cómplice de la violación de la Ley 287-04. Peor, usted es el responsable absoluto de que ciudadanos autorizados por usted coloquen esta ley debajo de sus zapatos y la restrieguen contra el suelo hasta convertirla en polvo. Usted está demostrando ser un fiasco para los ciudadanos y ciudadanas que confiamos en su capacidad de gestión y de democratizar el espacio público. Me corrijo: quizá no sea un fiasco para los capitales que auparon su candidatura –por la cual repito que voté, porque contra Roberto todo valía— pero si lo es para quienes como yo esperaron que aportara su grano de arena a liberar al ethos dominicano de su pesada carga de desprestigio que aumentó hasta lo insoportable su antecesor.

Me siento humillada e impotente. Pero como muchos dominicanos y dominicanas, no tengo manera de eludir esta condición. Estoy cercada. Ustedes mandan. Solo me queda el asco, la rabia sorda que, si no tengo la inteligencia de controlarlos, terminarán ahogándome. Pero a usted, David Collado, esto le sabe a nada. No le importa. Ya ganó las elecciones del 15 de mayo y sus patrocinadores están de plácemes. La zona colonial es un primor.

Sin ningún afecto,

Margarita Cordero

Hatuey de Camps, militante político de toda la vida

hatuey y peñaTenía apenas 14 años cuando en aquel julio de 1961, arrimado a su padre, Hatuey de Camps Jiménez inició su andadura por la política. Los cuadernos habían quedado sobre la mesa de su Cotuí natal a la espera de que pasara la fiebre adolescente. Pero la fiebre no lo abandonó nunca.

De los 69 años cumplidos el pasado 29 de junio, Hatuey de Camps dedicó 55 a la política. No es que haya sido un récord en un país donde las figuras públicas no suelen abandonar a tiempo el escenario. Lo que sí fue notable en él fue la pasión de su ejercicio. Obstinado hasta parecer despreciativo y prepotente, hizo pocas concesiones cuando enfrentó adversarios, fuera y dentro del Partido Revolucionario en el que se hizo hombre.

Minado lentamente por un cáncer de colon diagnosticado en el 2006, el dirigente político rindió las armas con toda seguridad muy a pesar suyo. Y no porque se aferrara a la vida, sino porque su agenda continuaba repleta de proyectos. El último y más comprometedor de energía vital fue la proclamación de su candidatura presidencial el 12 de octubre del año pasado por el Partido Revolucionario Social Demócrata, organización que creara en 2004 tras su expulsión de las filas perredeístas.

Como la vida de todo hombre público que llena el escenario con su sola presencia, la de Hatuey de Camps Jiménez tuvo momentos particularmente luminosos. Uno de ellos lo vivió poco después de haber cumplido 31 años. Era julio de 1978 y el país estaba a punto de estallar. Prevalecido en su poder casi omnímodo, Balaguer y los suyos idearon mil formas de escamotear el aplastante triunfo obtenido en las urnas por el candidato perredeísta Antonio Guzmán Fernández en mayo de ese año.

Como abogado del despojo subió al estrado mediático el abogado Marino Vinicio (Vincho) Castillo. Hatuey de Camps lo retó a un debate y el zorruno abogado, entrenado en su curul de diputado trujillista y de comentarista en el albañal que fue Radio Caribe, aceptó convencido de que daría un fulminante jaque mate al joven contendiente. Se equivocó de plano. De Camps resultó imbatible, no solo porque la razón estuviera de su parte, sino por su capacidad y brillantez de polemista.

Ocho años atrás, Hatuey de Camps había conducido con notoria habilidad política las luchas universitarias de 1969 y 1970. Presidente de la entonces combativa Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), encabezó la movilización de estudiantes, profesores y empleados de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) que pasó a los archivos de la Historia como “lucha por el medio millón” de presupuesto para la academia. Una reivindicación que alentaba el acceso de los más pobres a la educación universitaria.

Siendo todavía adolescente, permaneció junto a su padre, Miguel Ángel de Camps Cortés, quien había sido diputado del gobierno perredeísta encabezado en 1963 por el profesor Juan Bosch, en el “comando” conformado por exlegisladores para defender en 1965 el retorno del país a la constitucionalidad truncada por el golpe de Estado.

De la zona constitucionalista asediada, y cuando todo hubo terminado, volvió a las aulas del Liceo Juan Pablo Duarte, en la capital, obteniendo diploma en dos menciones del bachillerato: Ciencias Físicas y Matemáticas y Filosofía y Letras. Todo sin abandonar el activismo que le había calado los huesos en ese 1961 que cambió tan abruptamente la historia dominicana.

Fundador en secundaria del Frente Revolucionario Estudiantil Nacional (FREN) y revitalizador del Frente Universitario Socialista Democrático (FUSD) a su ingreso a la UASD, Hatuey de Camps curtió su piel en el combate estudiantil. Su carisma lo elevó a la cúspide del movimiento. Y también su franqueza. En una UASD dominada por los grupos de la variopinta izquierda, donde interpretar de otra manera la política era casi impensable, él gritó a voz en cuello su perredeísmo, organizó los militantes de su partido, vitalizó el FUSD y conquistó la dirección de la FED.

Para entonces ya había fraguado un entrañable y prolongado vínculo con José Francisco Peña Gómez, a instancias de quien en 1973 interrumpe los estudios en Historia y Economía que realiza en París y retorna a la República Dominicana para ayudar en la reconstrucción política de un PRD que Juan Bosch había abandonado tras una lucha interna que lo separó de sus pupilos políticos más aventajados.

Un año después será candidato a diputado por el Acuerdo de Santiago, reagrupación de fuerzas antibalagueristas que postuló por primera vez a la Presidencia a Antonio Guzmán y al general retirado Elías Wessin y Wessin como su segundo al mando. Las adversas condiciones políticas, marcadas por la represión contra los opositores, obligaron al retiro del Acuerdo de Santiago de la competencia electoral.

El cambio en la táctica política del PRD liderado por Peña Gómez, llevará a Antonio Guzmán a buscar nuevamente la presidencia en las elecciones de 1978. De Camps, coordinador de la campaña, será electo diputado. Durante tres años presidirá la Cámara. Ya para entonces miembro prominente del proyecto presidencial de Salvador Jorge Blanco, que contribuyera a fundar en 1976, entrará en abiertas contradicciones con el gobierno de su partido. Bajo su presidencia, por primera vez en la historia del hemiciclo el proyecto de Ley de Presupuesto fue sometido a debate.

En el segundo triunfo electoral consecutivo del PRD, que lleva a la Presidencia a Salvador Jorge Blanco, el aguerrido político ocupará hasta enero de 1986 la Secretaría de la Presidencia, a la que renuncia para respaldar la precandidatura presidencial de Peña Gómez frente a su contendiente Jacobo Majluta. Las agudas contradicciones internas dejadas por el proceso electoral de ese año, abocaron al PRD a la división. En la ocasión, como en otras anteriores de similar naturaleza, De Camps se mantuvo fiel a su partido.

Aspirante a la candidatura presidencial por el PRD en 2004, se enfrentó con inflexible radicalidad a las pretensiones reeleccionistas de Hipólito Mejía. Derrotado en la convención por el PPH, se mantendría al margen del activismo electoral pese a su condición de presidente del partido. Más aún, y en una reacción característica de su personalidad, llamó a votar “por el Diablo” antes que por Mejía. El 19 de mayo de ese año, tres días después de la derrota del PRD en las urnas, el hombre que durante 43 años había estado en la primera fila de todas las luchas partidistas fue expulsado “por alta traición”.

La suerte posterior de Hatuey de Camps vino a confirmar la tesis sostenida por muchos de la imposibilidad de liderazgos fuertes fuera de los partidos tradicionales en las culturas políticas impregnadas de caudillismo. Tras su expulsión del PRD, el político capaz de hacer salir a las calles a decenas de miles de personas con solo convocarlas a través del programa Tribuna Democrática –como aconteció el 15 de mayo de 1978 en desafío a los militares portando en sus fusiles los símbolos del balaguerismo— vio declinar su estrella.

La boleta electoral de 2008 del Partido Revolucionario Social Demócrata, que fundara a raíz de su expulsión del PRD, no fue encabezada por él, que fue segundo, sino por Eduardo Estrella, un político proveniente del reformismo de reconocida imagen pública, pero sin peso político propio. A favor de ambos, los electores depositaron 19,309 votos. Antes de tomar la decisión de esta alianza, De Camps coqueteó con la idea de apoyar a Leonel Fernández, con quien llegó a reunirse en marzo del 2006.

Con la salud cada vez más deteriorada, el otrora beligerante político se fue apartando del escenario público, pero sus reapariciones tuvieron siempre la impronta de su apego al perredeísmo. En 2012, comprometió públicamente su apoyo con Hipólito Mejía, enterrando las diferencias de 2004. Entrevistado por el periodista Pablo McKinney, dijo que había combatido a su entonces compañero de partido “por posiciones políticas”, de lo que seguía sintiéndose orgulloso. “Había que guardar el hacha de guerra y la guardé”, explicó sobre la alianza.

También como ocurre con la inmensa mayoría de los políticos, la vida privada de Hatuey de Camps fue objeto de conjeturas, no siempre favorables. Salvo algunas confesiones de ocasión en entrevistas, fue poco lo que se supo sobre sus sentimientos, sus placeres cotidianos y sus preferencias en cualquier otro ámbito ajeno al voraginoso mundo público.

En los corrillos de la murmuración, se le atribuyó actuar como Don Juan, vale decir, como un adicto a la seducción de las mujeres. Sus tres matrimonios con mujeres destacadas –Cecilia García (1976), Milagros Germán (1983) y Dominique Bluhdorn (1995)— cementaron su fama. De estas uniones nacieron nueve hijos e hijas, a los que se añade un décimo fruto de su relación sentimental con la periodista Irene Narpier.

Se dijo amante de la lectura y de la música. En la primera, se decantó por los clásicos, si bien los prodigios del “boom”, entre los cuales Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, nunca le dejaron indiferente. En la segunda, fue siempre heterodoxo; su alma vibraba con Chaikovski y Beethoven lo mismo que con un bolero.

En una entrevista concedida a la periodista Asela María Lamarche en mayo de 1999 recogida en el libro “Hatuey de Camps Jiménez, su legado político”, de Cándido Gerón, Dominique Bluhdorn, con quien compartió los últimos 21 años de su vida, define esa faceta que la política ocultó siempre: “A él le gusta estar en la casa, descansa mejor que todo el mundo, sabe realmente relajarse, sabe aprovechar el tiempo con sus hijos y conmigo, sabe estar en una finca, en una playa, con libros antiguos, pasando una tarde o leyendo cuentos de niños. Él es polifacético. Él es muy cariñoso. Cuando mis hijos han estado enfermos, siempre los ha atendido personalmente, por más compromisos políticos que tenga”.

Este hombre común y amoroso que ella describe es el que también se ha ido, el que quedará en la memoria de los más suyos, a contrapelo de los panegiristas que solo exaltarán al Hatuey de Camps de las trincheras.

(Publicado originalmente en el periódico Diario Libre http://www.diariolibre.com/noticias/hatuey-de-camps-militante-politico-de-toda-la-vida-GH4786998)

Llorar sobre la leche derramada

En estos tiempos de pasiones desatadas quizá convendría, si es que nos gusta, refugiarnos en la lectura de un libro que nos nutra. Leer, o releer, por ejemplo, El peso de la responsabilidad, de Tony Judt, y encontrar en el pensamiento y acción de León Blum, Albert Camus y Raymond Aron, algunas claves para entender el cabal significado de ser –no autoproclamarse— dirigente político.

No es nuevo, porque nuestra cultura sociopolítica es medularmente autoritaria, pero en este momento de agitación, que no de crisis, el “estás conmigo o contra mí” es la única opción que ofrecen tirios y troyanos. Todos valiéndose por igual del chantaje pretendidamente ético –que en unos y otros es falso— y estrujando en sus respectivos cedazos el ser y deber ser de todo otro contrario.

No hay duda alguna sobre la inequidad e iniquidad de estas elecciones cuyos resultados dañan aún más la democracia, no solo por el indefendible desastre cometido por la JCE en el conteo, sino por lo ocurrido durante todo el proceso previo, que incluye (¿lo olvidamos o no importa?) las decisiones partidistas que anticipaban este resultado. Porque el denunciado fraude no está solo en votos mal contados ni en actas alteradas o faltantes. Estuvo antes en la burla que representaron los acuerdos en el PLD de reelegir todos sus congresistas a cambio del apoyo a la reforma constitucional, pero también en la igual decisión adoptada por el PRM con los legisladores heredados del desmembramiento del PRD, y en la inscripción impúdica como candidatos propios, nombrados de dedo, de la resaca leonelista; verbigracia, Milcíades Franjul, Víctor Sánchez y Néstor Rodríguez, botones de una amplia muestra.

El fraude estuvo antes en la “subasta” de las candidaturas a las regidurías opositoras denunciada por Waldys Taveras (por favor, respétenlo como fuente, que se lo tiene más que ganado) para ponerlas en manos, cito, “de quienes pueden adquirir dinero fácil: prestamistas, banqueros de juegos de azar, empleados de diputados beneficiarios del barrilito y amantes de dirigentes del partido”.

Mientras el candidato-presidente Danilo Medina se servía con la cuchara grande de su aceptación apuntalada fuertemente por los recursos estatales, la oposición, y la reduzco nuevamente al PRM porque era el principal contendor, se contentaba con celebrar el transfuguismo otorgándole cualidades épicas y con esperar, como quien espera el maná, que del cielo internacional le cayera el involucramiento directo de Danilo Medina en Lava Jato, que Joao o Mónica Santana, o ambos, se fueran de boca ante el juez Moro hasta partirse los dientes, o que Medina o algunos de sus muy cercanos salieran con una offshore en los papeles de Panamá. Pasaron casi tres meses electoralmente decisivos con los dedos cruzados para que Brasil o el destino les proveyesen lo que no encontraban en su propia fuente política.

Cuando le tocó hablar de políticas sociales e insistir en ellas para conquistar mayorías, el PRM prefirió los fáciles, aunque inútiles, meandros del “me too” (le robo la descripción a Melvin Peña), inscribiendo en su programa y proclamando en los mítines (también lo diría la vice Carolina Mejía), la duplicación del monto de la tarjeta Solidaridad y del universo de sus beneficiarios mientras, y paradójicamente, esta misma política era denunciada como clientelar y trampa de votos. Nadie pareció parar mientes en la absurda discordancia y sus consecuencias de debilitamiento de la promesa.

¿Cómo vencer al contrario ofreciendo acríticamente lo mismo que él, recogiendo para revalidarlos los restos del naufragio leonelista, si cuando se dice ir más allá en temas tan sensibles como la inseguridad ciudadana halan de los pelos al impresentable Rudolph Giuliani y su “tolerancia cero”, como si acaso en el país no murieran cerca de trescientos jóvenes todos los años a manos de una policía que no necesita asesores para librar una guerra, si, guerra, sin cuartel contra los pobres en nombre del combate a la delincuencia?

Por si algo faltara, todas las encuestas de los medios de comunicación fueron metidas en el mismo saco de la impudicia, y reducidas a una supuesta “mesa de encuestas” instalada en el Palacio para dirigir la opinión pública hacia donde quería Medina. Para contrarrestar los efectos de esos sondeos, salieron al ruedo las menciones de estudios propios que nunca revelaban sus porcentajes y dos o tres de último minuto que vaticinaban segunda vuelta, no el triunfo del candidato perremeísta, que hasta ahí no llegaron. El PRM nunca jamás utilizó las encuestas como instrumento de trabajo que le facilitara identificar las debilidades de Medina y las fortalezas propias, porque la palabrería hueca le llenaba el cerebro, valga el oxímoron.

Y nunca, absolutamente nunca, miró verdaderamente hacia otro lado que no fuera el del reformismo (chao, chao Convergencia), con el dudoso argumento de que negociaba con Quique Antún y sus cómplices, en acepciones que ruborizan todas, porque necesitaba visibilidad en la boleta. Sucede, como lo demuestra el boletín 13 emitido por la JCE, que el puesto tres en la boleta solo le aportó al candidato del PRM un 5.63 %, y que el temido puesto quince le deja un 26.83 %. La gente que lo respaldaba supo siempre dónde tenía y quería votar, mas el PRM no supo nunca con quién tenía que aliarse para construir algo diferente.

Ahora se insiste en hablar de fractura de la institucionalidad como si fuera consecuencia novedosa de estas elecciones, y me parece una afirmación sesgada. Tan sesgada como cuando se habla de los condicionamientos de la prensa en este proceso o siempre, y se callan los efectos y los porqués del monopolio de los medios. Como cuando se habla de irregularidades inaceptables y se exige reconteo (justísimo), pero en las manifestaciones no participan los candidatos opositores ganadores. Como cuando se habla de la corporación PLD (indesmentible y nefasta) y se calla el papel que jugó el Grupo Vicini a favor de David Collado, eludiéndose de paso las posibles consecuencias de este apoyo sobre la ciudad y la política.

De la misma manera en que desasosiega el apabullante poder que adquiere Danilo Medina a partir de estas elecciones, debe inquietar un partidismo que no se renueva, por decir lo menos. La democracia no puede, no debe, descansar en opciones polarizadas, sobre todo cuando estas tienen tan mala calidad como la demostrada. Ojalá todo esto sirva de algo en el futuro.