obisposDe los diez mandamientos de la ley mosaica, asumidos por los creyentes cristianos como norma moral, el octavo condena el falso testimonio y la mentira. Dice textualmente: “No dirás falso testimonio ni mentirás”. Para los creyentes, violar los mandamientos es pecado, y el pecado aparta de la gracia divina. A los obispos católicos dominicanos esto parece tenerlos sin cuidado. En el documento publicado este lunes por la Conferencia del Episcopado sobre la despenalización de tres causales del aborto, los obispos mienten e intimidan sin ruborizarse. Retuercen argumentos, inventan falacias, juzgan con aliento inquisitorial. Tratan de subordinar al Estado y a toda la población a sus dictados y visiones del mundo.

Una de las tres causales de las que se pide la despenalización es “cuando la vida del feto es inviable”. Los obispos, con el mayor descaro, escriben lo siguiente: “Es injusto que, por una mal formación de la criatura en el vientre, se legislara para matarlo. Los discapacitados o personas con condiciones especiales tienen los mismos derechos de vivir que los demás”. ¿De dónde sacan esto? ¿A quién han oído defender la eugenesia? A ellos, realmente, no les importa. Si pecan mintiendo, no será la primera vez, ni la última, desde luego. Pecados los han cometido mayores, mucho mayores.

De falsedades como esta está plagado el documento obispal. Refutar cada una de ellas sería ir al terreno que los obispos han elegido para la confrontación. El lenguaje que utilizan lo denota: el adversario no es una persona con razones dignas de ser discutidas, incluso si les resultan inaceptables, sino un cultor y promotor de “la muerte”, un “asesino”, “esclavo de ideologías foráneas”. El legislador que respalde la despenalización de las tres causales estaría legislando “para matar”, y lo exhortan a “no mancharse con sangre”. El médico que lo practique iría “directamente a matar a la criatura”. El aborto, por tanto, es la eliminación “de una vida indefensa”, “una desastrosa amenaza contra la vida: no solo la de cada individuo, sino también la de toda civilización”. Es decir, los adversarios en este tema de una Iglesia con tan discutibles pasado y presente, son el detritus de la sociedad.

Los obispos afirman, pero no acreditan. Como cuando dicen que la ciencia, la cual “respetan” y en la que se “apoyan”, cada vez con mayor precisión “demuestra que la vida humana está presente desde la concepción”. ¿Cuál ciencia? ¿Quiénes y dónde lo dicen? Sin que se les mueva un pelo añaden a seguidas que los abortos se han multiplicado en los países donde es legal: “Luego de aprobadas las causales el grupo de la cultura de la muerte exige que se apruebe el aborto libre, la mortalidad materna no disminuye, los embarazos de adolescentes tampoco (a menos que sea asesinando los niños en el vientre de su madre); los abortos se multiplican, las transnacionales se lucran de esas naciones dejando a los países peor que antes…”. Ni una cifra, ni un dato confiable. El lenguaje al servicio del terrorismo ideológico, siempre mentiroso.

En su libro La función social del lenguaje fascista (1979), Lutz Winckler desmonta la sintaxis antagónica de este tipo de discurso. Citando a Marcuse, escribe: “Para este lenguaje es válido lo que Marcuse escribía sobre el ‘lenguaje cerrado’, a saber, que ‘no prueba ni fundamenta; comunica decisiones, apotegmas y órdenes. Cuando define, la definición se convierte en separación entre ‘el bien’ y ‘el mal’; otorga forma de indubitable justicia e injusticia, y se vale de un valor para justificar otro. Tal lenguaje se mueve en tautologías, pero esas tautologías son, en correspondencia, efectivos ‘juicios’. Pronuncia su veredicto decidido de antemano; y su veredicto es el anatema’”.

Esto último es lo que hacen los obispos dominicanos en su comunicado, tan lleno de silencios y oscuridades. Tan intencionalmente equívoco. Tan empecinada y angustiosamente anhelante de recomponer el mundo sobre el cual la Iglesia católica reinó y ya no reina.

 

Anuncios