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En estos días de reverdecido patrioterismo, de altisonante defensa de los “símbolos de nuestra nacionalidad”, a mi me ha dado con preguntarme qué es la patria. Si acaso es una y para todos. Si vale lo mismo para los diez millones tan diversos que somos en estos cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados tan injustos.

Me respondo que no, que no puede serlo aunque pongamos nuestro mayor empeño. Y me digo que la idea de patria que maneja el patrioterismo dominicano al uso es un significante sin significado, un significante vacío. Y que no es inocente, sin embargo, porque le sirve al propósito de los hegemónicos de mantener el dominio del discurso público atizando odios que enmascaran generalizadas carencias materiales e inmateriales.

¿Qué es la patria para el 32.3% de dominicanos y dominicanas que viven en la pobreza general? ¿Para el 7.0% que vive en la pobreza extrema? ¿Comparten patria los dominicanos y dominicanas más pobres (quintil 1) que reciben el 3.2% del ingreso total del país, con los más ricos (quintil 5) que gozan del 56.2% de esos mismos ingresos? ¿Arde el mismo fuego patriótico en el corazón de los 265 dominicanos con fortunas de 30 millones de dólares o más, equivalentes a 12.9 veces el gasto público en educación, que para el 57.7% de los habitantes de la región El Valle (Azua, Elías Piña y San Juan) que viven en la pobreza monetaria?

¿Y qué pasa con la patria del 63% de asalariados, públicos y privados, con salario promedio mensual de 11,292.00 pesos cuando el costo de la canasta básica de los más pobres es de 11,969.00 pesos? ¿Pasa lo mismo que con la patria, reiterando el ejemplo, de los 265 dominicanos con más de 30 millones de dólares (1,440 millones de pesos en adelante)? Que alguien me responda.

¿Cuál es la patria de los 25 niños por cada mil nacidos vivos que mueren por causas evitables apenas salidos del útero de sus madres? ¿Cuál la de del 26.8% de los niños más pobres que están fuera de la escuela secundaria, en comparación con el 4.3% de los niños más ricos? ¿Cuál es la patria de las 109,7 madres por cada 100.000 recién nacidos que mueren a consecuencia del parto? ¿Qué patria es esta la de los patrioteros que no puede evitar que la sepsis sea la causa del 14% de las muertes maternas y del 29% de las muertes neonatales?

¿Y la patria de los emigrantes, cuál es? Según datos estadísticos, 1,299,668 dominicanos y dominicanas han abandonado el país. El 58.5%  del total, son mujeres. Los expulsaron la miseria, la falta de oportunidades, la desesperanza. La patria, tan ideal, tan sublime, los arrojó de su seno donde, sin embargo, sigue cobijando a los ricos y muy ricos, que acrecientan sus fortunas exprimiendo hasta la indecencia la fuerza laboral.

El 65.2% de los hombres y mujeres de nuestra diáspora, solo en los Estados Unidos, donde reside más de un millón (legalmente registrado) tiene entre 25 y 39 años de edad. Hombres y mujeres productivos que no encontraron cabida en la fementida patria de los patrioteros. Donde quiera que están, desempeñan los trabajos más duros, los menos calificados y más mal pagados. Viven en guetos sociales, culturales y étnicos. Y sin embargo, en el 2015 enviaron al país 5,149 millones de dólares (Tejada, E., 2015). Para ellos y ellas, la patria es la nostalgia y la remesa. Para los ricos y muy ricos, los privilegios y riquezas que han logrado a base de tratos espurios con la política.

No, no creo en esa patria de los patrioteros que hacen mutis frente a la realidad de aquellos a los que esa fantasmagoría no les ha dado nada y se lo ha quitado todo. No es la mía ni la quiero. La mía, que todavía no es, la soñó el poeta nacional Pedro Mir, hijo de cubano y puertorriqueña, en la cuarta parte del poema Si alguien quiere saber cuál es mi patria.

 IV

Si alguien quiere saber cuál es mi patria, 
lo diré en una tarde americana. 
Cuando el mundo se quite la cabeza 
y le arranque la espina innominada. 
Cuando el hilo de todas las fronteras 
teja como una alfombra todas las patrias. 
Y una risa inmensa 
recorra las montañas 
y haga huir como murciélagos despavoridos 
a los acorazados con sus arrogancias, 
con su larga cadena de oprobio 
que une nuestras gargantas 
y nos saca en sangre pulpa 
las tierras perfumadas…

Y empiece entonces a inundar las calles 
tanta gente escondida dentro de su casaca, 
y las imprentas salgan a ver 
con el vientre lleno de libros y de portadas 
todos nuestros suburbios desde sus páginas 
y las madres alcen sus hijos hacia la luz 
de la aurora, sin guerra y sin amenazas…

Día justo y solemne de contestar 
de cuánto goce se compone una patria. 
Cuáles son los veinte ruidos 
de la nueva batalla.

A quién le corresponde el apetito, 
a quién el gesto copioso y la guirnalda, 
qué colorido el del más ancho traje, 
qué ritmo el de la más noble carcajada. 
Cuáles bueyes y cuáles sementales 
en la exposición donde las frutas y las canastas…

Pero ahora 
nadie pregunte por la patria 
de nadie.

Y el día en que estalle 
la libertad suprema y soberana, 
procure estar bien cerca y bullicioso 
porque habrá una gran patria, 
una grande, inmensa, inmóvil patria para todos 
y no habrá ni un país para estas lágrimas…

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