Llorar sobre la leche derramada

En estos tiempos de pasiones desatadas quizá convendría, si es que nos gusta, refugiarnos en la lectura de un libro que nos nutra. Leer, o releer, por ejemplo, El peso de la responsabilidad, de Tony Judt, y encontrar en el pensamiento y acción de León Blum, Albert Camus y Raymond Aron, algunas claves para entender el cabal significado de ser –no autoproclamarse— dirigente político.

No es nuevo, porque nuestra cultura sociopolítica es medularmente autoritaria, pero en este momento de agitación, que no de crisis, el “estás conmigo o contra mí” es la única opción que ofrecen tirios y troyanos. Todos valiéndose por igual del chantaje pretendidamente ético –que en unos y otros es falso— y estrujando en sus respectivos cedazos el ser y deber ser de todo otro contrario.

No hay duda alguna sobre la inequidad e iniquidad de estas elecciones cuyos resultados dañan aún más la democracia, no solo por el indefendible desastre cometido por la JCE en el conteo, sino por lo ocurrido durante todo el proceso previo, que incluye (¿lo olvidamos o no importa?) las decisiones partidistas que anticipaban este resultado. Porque el denunciado fraude no está solo en votos mal contados ni en actas alteradas o faltantes. Estuvo antes en la burla que representaron los acuerdos en el PLD de reelegir todos sus congresistas a cambio del apoyo a la reforma constitucional, pero también en la igual decisión adoptada por el PRM con los legisladores heredados del desmembramiento del PRD, y en la inscripción impúdica como candidatos propios, nombrados de dedo, de la resaca leonelista; verbigracia, Milcíades Franjul, Víctor Sánchez y Néstor Rodríguez, botones de una amplia muestra.

El fraude estuvo antes en la “subasta” de las candidaturas a las regidurías opositoras denunciada por Waldys Taveras (por favor, respétenlo como fuente, que se lo tiene más que ganado) para ponerlas en manos, cito, “de quienes pueden adquirir dinero fácil: prestamistas, banqueros de juegos de azar, empleados de diputados beneficiarios del barrilito y amantes de dirigentes del partido”.

Mientras el candidato-presidente Danilo Medina se servía con la cuchara grande de su aceptación apuntalada fuertemente por los recursos estatales, la oposición, y la reduzco nuevamente al PRM porque era el principal contendor, se contentaba con celebrar el transfuguismo otorgándole cualidades épicas y con esperar, como quien espera el maná, que del cielo internacional le cayera el involucramiento directo de Danilo Medina en Lava Jato, que Joao o Mónica Santana, o ambos, se fueran de boca ante el juez Moro hasta partirse los dientes, o que Medina o algunos de sus muy cercanos salieran con una offshore en los papeles de Panamá. Pasaron casi tres meses electoralmente decisivos con los dedos cruzados para que Brasil o el destino les proveyesen lo que no encontraban en su propia fuente política.

Cuando le tocó hablar de políticas sociales e insistir en ellas para conquistar mayorías, el PRM prefirió los fáciles, aunque inútiles, meandros del “me too” (le robo la descripción a Melvin Peña), inscribiendo en su programa y proclamando en los mítines (también lo diría la vice Carolina Mejía), la duplicación del monto de la tarjeta Solidaridad y del universo de sus beneficiarios mientras, y paradójicamente, esta misma política era denunciada como clientelar y trampa de votos. Nadie pareció parar mientes en la absurda discordancia y sus consecuencias de debilitamiento de la promesa.

¿Cómo vencer al contrario ofreciendo acríticamente lo mismo que él, recogiendo para revalidarlos los restos del naufragio leonelista, si cuando se dice ir más allá en temas tan sensibles como la inseguridad ciudadana halan de los pelos al impresentable Rudolph Giuliani y su “tolerancia cero”, como si acaso en el país no murieran cerca de trescientos jóvenes todos los años a manos de una policía que no necesita asesores para librar una guerra, si, guerra, sin cuartel contra los pobres en nombre del combate a la delincuencia?

Por si algo faltara, todas las encuestas de los medios de comunicación fueron metidas en el mismo saco de la impudicia, y reducidas a una supuesta “mesa de encuestas” instalada en el Palacio para dirigir la opinión pública hacia donde quería Medina. Para contrarrestar los efectos de esos sondeos, salieron al ruedo las menciones de estudios propios que nunca revelaban sus porcentajes y dos o tres de último minuto que vaticinaban segunda vuelta, no el triunfo del candidato perremeísta, que hasta ahí no llegaron. El PRM nunca jamás utilizó las encuestas como instrumento de trabajo que le facilitara identificar las debilidades de Medina y las fortalezas propias, porque la palabrería hueca le llenaba el cerebro, valga el oxímoron.

Y nunca, absolutamente nunca, miró verdaderamente hacia otro lado que no fuera el del reformismo (chao, chao Convergencia), con el dudoso argumento de que negociaba con Quique Antún y sus cómplices, en acepciones que ruborizan todas, porque necesitaba visibilidad en la boleta. Sucede, como lo demuestra el boletín 13 emitido por la JCE, que el puesto tres en la boleta solo le aportó al candidato del PRM un 5.63 %, y que el temido puesto quince le deja un 26.83 %. La gente que lo respaldaba supo siempre dónde tenía y quería votar, mas el PRM no supo nunca con quién tenía que aliarse para construir algo diferente.

Ahora se insiste en hablar de fractura de la institucionalidad como si fuera consecuencia novedosa de estas elecciones, y me parece una afirmación sesgada. Tan sesgada como cuando se habla de los condicionamientos de la prensa en este proceso o siempre, y se callan los efectos y los porqués del monopolio de los medios. Como cuando se habla de irregularidades inaceptables y se exige reconteo (justísimo), pero en las manifestaciones no participan los candidatos opositores ganadores. Como cuando se habla de la corporación PLD (indesmentible y nefasta) y se calla el papel que jugó el Grupo Vicini a favor de David Collado, eludiéndose de paso las posibles consecuencias de este apoyo sobre la ciudad y la política.

De la misma manera en que desasosiega el apabullante poder que adquiere Danilo Medina a partir de estas elecciones, debe inquietar un partidismo que no se renueva, por decir lo menos. La democracia no puede, no debe, descansar en opciones polarizadas, sobre todo cuando estas tienen tan mala calidad como la demostrada. Ojalá todo esto sirva de algo en el futuro.

9 Comments

  1. Qué pena Sra. Admiraba sus posiciones críticas frente a los males de nuestro país y admiraba aún más el hermoso estilo de su escritura. En este artículo están ausentes ambos. Este escrito se une al coro del cinismo que campea en nuestros medios. Atacó al chiquito sin piedad y le dió una leve reprimenda al grandulón abusador. No quisiera hacer conjeturas pero no puedo evitar recordar la sentencia atribuída a Bertolt Brecht

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    1. Créame que no me sorprende, y mucho menos me apena, la fragilidad de la admiración. No escribo para conquistarla. Y haga todas las conjeturas que desee, es su tiempo y son sus neuronas. Si las temiera jamás hubiera escrito una sola línea. Pero no es el caso.

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  2. Margarita todos somos culpables! No solo el pld, el prm, todos, todos porque vimos lo que se anticipaba y no hicimos nada, porque no se acerco y hablo con Abinader quizás la hubiese escuchado, o a Guillermo y a Minou, o a Hatuey y se ponían todos de acuerdo y no iban a esas elecciones, de las cuales se sabía ya el resultado desde antes de empezar. Algo así como esas peleas de boxeo arregladas o los concursos de belleza que se sabe quien es la reina mucho antes de ponerle la corona!

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    1. No me gusta la generalización de la culpa, no me parece justa. En cuanto a por qué no me acerqué a Abinader, pues sencillamente porque no tenía que hacerlo. Él es, se presume, líder del PRM y tenía a su alrededor decenas de asesores nacionales y extranjeros. Las decisiones políticas eran de su entera y personal incumbencia. Tomó muchas, aunque erradas desde mi punto de vista.

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      1. Margarita como entes sociales, todos somos cómplices y me parece que la palabra cómplice y culpable van de la mano, cómplices de los 30 años de Trujillo, pues lo permitimos, de la dictadura del pld ahora también lo somos, otros pueblos se han unido y han acabado con los gobiernos que no son buenos y justos para sus pueblos. Porque digo usted pudo acercarse y hablar o hacerle llegar su análisis a este candidato? Porque con la reputación de periodista seria que usted tiene estoy segura que el lo hubiese tomado en cuenta, además que parece sus asesores no tienen la visión, la capacidad de análisis que usted elabora en este artículo de opinión y pudo haber contribuido a que ahora no tengan los dominicanos 4 + de lo mismo! Pero bueno, nosotros de este lado del río (en NY seguimos la lucha en contra del fraude electoral) Gracias por responder! Saludos!

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  3. Increíble análisis: no apto para lxs fanáticxs, lxs partidarixs de las élites políticas… Cuando vi que Guillermo Moreno, Luis Abinader y otros candidatos, declarados como alternativa, jugando a ganar votos politiqueramente, decidí que no importara ya que Danilo gane nuevamente; y quizás sea el sentimiento de las mayorías… Ojalá, como dice usted, que sirva eso de análisis para el futuro!

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  4. Definitivamente un excelente análisis, lástima que en esta “selva” siempre aparezca quien lo llame parcial ya que este artículo ha sido sel mas cierto que se ha escrito estos dias, cuantas verdades juntas

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