Usted puede o no creer en la eficacia de las encuestas para calibrar la opinión pública. Puede o no otorgarle capacidad predictiva, decir que están pagadas, que aciertan o se equivocan,  o lo que mejor acomode a su necesidad de “interpretar” la realidad política. En definitiva, usted es una persona individual cuya influencia está forzosamente reducida a su entorno.WhatsApp-doble-palomita-azul

Lo que no creo apropiado es que un medio de comunicación publique información generada por una encuestadora sin solicitar, además de los porcentajes y la llamada ficha técnica, los datos empresariales que acreditan su experiencia. Sobre todo cuando esa encuestadora es extranjera y primeriza en el ámbito dominicano.

Cuando leí sobre la encuesta de preferencias electorales realizadas por Laboratorios de Investigaciones Sociales Aplicadas (LISA) a través de WhatsApp, sentí la misma curiosidad que me despierta todo lo que no conozco y se pone frente a mis ojos. No voy a discutir los resultados porque, en buen dominicano, “ni me van ni me vienen”. Pertenezco a ese porcentaje, no medido por LISA, que el día de las elecciones se quedará en su casa sin remordimientos cívicos. Ya lo dijo Savater: “No anda descaminado quien navega a la misma distancia de dos males iguales”.  Y para que los resultados me importen menos aún, tampoco fui incluida en ese medio millón de dominicanos y dominicanas a los que se dice haber consultado.

El interés por el novedoso método me llevó a buscar en Google, ¡dónde más!, información sobre LISA, y mi primera sorpresa fue no encontrar una página web correspondiente a esta empresa, no por lo menos bajo ese nombre. Me desconcertó porque utilizar la tecnología digital para sondear las preferencias electorales de la gente y no estar alojado en la Red me parece un contrasentido. No digo más.

Después busqué en las Páginas Amarillas de Colombia con el mismo resultado. Continúe pidiéndole información a Google sobre las encuestadoras de ese origen y por esos caminos llegué hasta la página oficial del Consejo Nacional Electoral de Colombia, en cuya barra de inicio está una pestaña con el nombre “Encuestas”. Ahí están todas las encuestadoras, 189 en total, registradas en el organismo. Laboratorios de Investigaciones Sociales Aplicadas (LISA) no aparece en el lugar que le correspondería por el orden alfabético. Es decir, no está entre LCA PUBLITECA LTDA, que es la primera de la letra “L”, y Luis Eduardo Trujillo Solarte, que es la última. Tampoco aparece el nombre de Israel Navarro o de Diego Pérez, las dos personas que se presentaron como ejecutivos en la rueda de prensa ofrecida en Santo Domingo.

El pasado domingo fui al cine a ver “Spotlight” (En primera plana) que trata de la historia, verídica, de un grupo de periodistas del Boston Globe que, tras una paciente y minuciosa investigación, descubrieron en 2002 la perversa complicidad de la alta jerarquía de la Iglesia católica de los Estados Unidos con las violaciones sexuales de centenares de niños por curas pederastas. Conmovieron los cimientos no solo de la sociedad norteamericana, sino los del mundo. Desde esa investigación nada volvió a ser lo mismo. Ningún periodista, incluidos los redactores jefes,  debe dejar de verla. Es una demoledora lección de periodismo.

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