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En un sistema político y partidista donde como en ningún otro ámbito es norma el descarado criterio de que “to’ e’ to’ y na’ e’ na’”, que el PRM pacte con el PRSC no debería asombrarnos.

Preguntémonos empero no por las razones prácticas de esta alianza, si no por las complicadas artes que demanda esta conciliación de posiciones, cuando uno de los actores, Luis Abinader, dice representar la antítesis de lo que hasta ahora prima en la política y encarna el reformismo.

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Para comenzar, prestemos oídos al discurso de Antún el pasado jueves 17. Sin inmutarse, afirmó que con esta alianza “el PRSC vuelve a sus orígenes” para “sembrar el país de esperanzas redentoras”. ¿Hemos olvidado cuáles fueron estos orígenes? De estar vivo, Lyndon B. Johnson podría ofrecernos la respuesta. Aunque quizá no la necesitemos, y la represión feroz contra las fuerzas democráticas durante los famosos “doce años” sea dato suficiente. Como también puede serlo el prohijamiento del parasitismo empresarial que succionó la ubre pública con gulosidad obscena. O la corrupción que, según un Balaguer-gatita-de-María-Ramos, solo se detenía a la puerta del despacho presidencial; escuela que legó a nuestra política un excesivo número de magísteres summa cum laude.

El lamento de Antún por los pobres, por los niveles intolerables de injusticia e inequidad social, los devaneos medioambientalistas, las citas que fueron desde Allende y el Ché hasta Benedetti y Sabina, son parte de lo que en mi entrega “Política siciliana” califico de lenguaje vacío. Agrego ahora que ofensivo a la inteligencia colectiva.

Mas hay una afirmación en el discurso que deseo resaltar: aquella según la cual “la soberanía nacional está en graves peligros (sic)”, convirtiendo en imperativo “profundizar su defensa e implementar una política migratoria responsable, que garantice la integridad, seguridad e intereses de la nación que nos legara el patricio Juan Pablo Duarte”.  No hay que ser adivino para saber a qué se refiere Antún con esto.

En diciembre de 2013, Abinader, cuyos ascendientes fueron inmigrantes irregulares, pronunció un emotivo discurso en el acto “Un abrazo solidario con los dominicanos desnacionalizados”, celebrado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En el Congreso y en la opinión pública, el PRSC han hecho causa común con el neonacionalismo más rastrero, reconfirmado este jueves cuando Antún agita los fantasmas de una nacionalidad supuestamente en riesgo. ¿Cuál de los dos criterios primará en esta alianza?

En la cultura política dominicana se tiende a responder las preguntas incómodas de dos maneras con resultados indistintos. Una, descalificando a quien pregunta (y en eso la mayoría somos doctorados) endilgándole haber vendido su alma al mejor postor, que será siempre el Gobierno o el contrario. Otra, haciéndose el extraterrestre.

Mas cual que sea el tipo de respuesta, a muchos nos seguirá escociendo el alma esta alianza que no es fruto de otra cosa que del más reptante oportunismo de ambas partes, pero de la que sale ganando sin discusión alguna un reformismo que sella los labios de quienes, en el PRM, critican la corrupción, el clientelismo y el autoritarismo y abogan por la decencia, la justicia y el futuro.

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