Sales del país por apenas unos días y, cuando regresas, tienes la sensación de no haberte ido nunca. De no haber saltado el charco. De que el tiempo no transcurre porque somos atemporales por obra y gracia de la repetición incesante.

Los actores del espectáculo pueden ser distintos, pero la trama es invariable. Estás clavado a treloju butaca en la sala del país-teatro. Los narcotraficantes Bruno Odos y Pascal Fauret burlan nuestro casi inexistente sistema de vigilancia judicial y llegan a París a mofarse de nuestra insularidad. Pero antes lo hicieron José Figueroa Agosto, Sobeida Félix Morel. O por otros motivos que la coca, José Michelén, Fulgencio Espinal, Frederic Marzouka… Datos, solo datos. No consuelan, pero explican.

Los fugados pilotos franceses viajan a bordo de una nave ligera donde aparece, –¡albricias!— el eurodiputado Aymeric Chauprade, tan ultraderechista que ni Marine Le Pen lo quiere a su lado, aunque Leonel Fernández, hace unos años, se vanagloriara de su presencia frecuente en Funglode. El entramado perfecto con un mayor contenido de racismo que de lógica matemática. Pero la embajada dominicana en París guarda silencio. Rosa de Grullón, tan eufórica entusiasta de los desfiles de moda y las celebraciones natalicias estilo flapper, no ha dicho “esta boca es mía”. Acaso no la tiene.

Peggy Cabral, cuya viudedad es una especie de empresa individual de responsabilidad limitada –sobre todo por no tener la obligación de un comisario de cuentas o de aportes— es nombrada embajadora dominicana en Italia. ¿Por qué? Son dos las razones principales: Miguel Vargas le paga su desaprendizaje ético y Danilo Medina le paga a Miguel Vargas el endoso de la franquicia. Y, claro, ella trueca su presidencia en funciones sin funciones en el Partido Revolucionario Dominicano por el placer inagotable de la eternidad romana.

Antonio Marte, de tan intragable imagen social, es hoy candidato a senador por Santiago Rodríguez en la boleta del Partido ¿Revolucionario? ¿Moderno? Indultado por Leonel Fernández en 2008 –guardaba cárcel por su implicación en la corrupción del Plan Renove— fue parte del parapeto que ocultaba la intención más relevante en aquel diciembre: sacar de la cárcel a Vivian Lubrano, uno de los cerebros del fraude en Baninter. Pero hay más. Vicente Sánchez Baret (Cotuí, 1939) encabezará la boleta senatorial del PRM en la provincia Sánchez Ramírez. Las deudas políticas son impagables.

Te vas y vuelves y encuentras que Altagracia Guzmán Marcelino, ministra de Salud, recurre en 2015 al manido y seudodemocráctico involucramiento de más de uno en el atajo del dengue. Hace casi diez años, José Rodríguez Soldevila, entonces secretario de Salud del gobierno de Hipólito Mejía, pronunció una antológica frase: “El problema del dengue se resuelve con que cada dominicano mate un mosquito diario”. De tanto mordérsela, el país se queda sin cola.

Y como si todo esto no bastara en apenas unos días, dos coroneles y un raso de la Policía irrumpen en una asamblea de movimiento Poder Ciudadano sostenida en el Centro Bonó. Toman fotografías, revisan listado de asistentes. Violan derechos fundamentales inscritos en la Constitución, pero su jefe, cerrando los ojos frente a la evidencia, ordena “una exhaustiva investigación” y espera que sus subordinados “expliquen” su comportamiento. Ganas de tomarnos el pelo: la Policía, pródigo nido de delincuentes, pretende ahora, y bajo la jefatura del general Nelson Peguero Paredes, convertirse en policía política.

Hay quien atribuye a Platón simplificar la frase de Heráclito hasta convertirla en la que doctos y legos conocen: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Es decir, el cambio es incesante. Menos aquí, que nos perdone el filósofo por refutarlo con tanta contundencia.

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